El tratamiento farmacológico del TDAH se organiza, en términos generales, en dos grandes grupos: estimulantes y no estimulantes. Entender qué distingue a uno del otro ayuda a interpretar por qué un psiquiatra elige un camino u otro según el caso, sin que eso signifique que uno sea superior de forma absoluta.
Qué caracteriza a los fármacos estimulantes
Es el grupo con mayor evidencia de eficacia para el TDAH, y el más recetado a nivel general. Está compuesto por el metilfenidato y las anfetaminas, como la lisdexanfetamina, y ambos actúan aumentando la disponibilidad de dopamina y noradrenalina en el cerebro. Su efecto se nota, en la mayoría de los casos, el mismo día de la toma, lo que los vuelve una opción con respuesta rápida, pero por su acción sobre el sistema nervioso central están sujetos a receta especial y a un control de venta más estricto, dado su potencial de mal uso en personas sin TDAH.
Qué caracteriza a los fármacos no estimulantes
Atomoxetina, la opción más usada dentro de este grupo
Es actualmente el único fármaco no estimulante aprobado específicamente para adultos con TDAH. Actúa sobre la noradrenalina, sin las propiedades estimulantes del otro grupo, y necesita varias semanas de uso continuo antes de mostrar su efecto completo. A cambio, no está sujeta al mismo nivel de control por potencial de abuso.
Otras opciones no estimulantes, menos frecuentes
Existen otros fármacos no estimulantes con menor evidencia o uso más específico, como el bupropión, considerado en algunos casos de TDAH con depresión o trastorno por uso de sustancias asociado, y los agonistas alfa-2, como la clonidina o la guanfacina, con un respaldo clínico menor pero un rol en perfiles particulares. Ninguno de estos reemplaza a la atomoxetina como primera opción no estimulante, pero forman parte del panorama de alternativas disponibles.
Diferencias clave entre ambos grupos
- Velocidad de acción, ya que los estimulantes actúan el mismo día y los no estimulantes necesitan varias semanas.
- Potencial de mal uso, mayor en los estimulantes y considerablemente menor en los no estimulantes.
- Eficacia general, con los estimulantes contando con mayor evidencia acumulada como grupo.
- Perfil de efectos secundarios, distinto entre ambos grupos, con más riesgo cardiovascular en los estimulantes y efectos gastrointestinales más frecuentes en algunos no estimulantes.
Cómo se decide cuál grupo usar en un caso particular
La decisión no se basa en una preferencia general, sino en el perfil completo del paciente: severidad de los síntomas, condiciones que coexisten con el TDAH (como ansiedad, tics o antecedentes de consumo problemático de sustancias), respuesta a tratamientos previos si los hubo, y factores de riesgo cardiovascular. Por eso una evaluación de TDAH en adultos no se limita a confirmar el diagnóstico; también revisa cuál de estos dos caminos, o qué fármaco específico dentro de cada uno, tiene sentido para ese caso en particular.








